Acción Nacional redefine su identidad política, abandona alianzas y busca consolidarse como derecha alternativa frente a Morena.
Por José Luis Mastretta López
El 27 de febrero del año 2000, el entonces aspirante presidencial del PAN, Vicente Fox Quesada, declaró a La Jornada que se consideraba “un poco de centro-izquierda”. Un cuarto de siglo después, el panismo es criticado porque, en su asamblea de octubre, el partido giró hacia la derecha y el conservadurismo, deslindándose de sus alianzas con el PRI y con los remanentes del PRD.
Las críticas a este “relanzamiento” de Acción Nacional, junto con su nuevo logo en letras itálicas para darle “dinamismo”, no tardaron en llegar. Dejemos de lado, para fines de análisis, los comentarios que se burlaron del espectáculo, chapuzones involuntarios y animaciones chicharroneras incluidas, y enfoquémonos en las observaciones de fondo.

DE FOX AL PACTO CON LA IZQUIERDA
La principal crítica proviene del centro-izquierda, sobre todo de la llamada “comentocracia” que ocupa las páginas editoriales. Es una izquierda que se deslinda de la Cuarta Transformación por sus regresiones antidemocráticas y, paradójicamente, antiprogresistas, atribuibles a la edad avanzada de sus liderazgos.
Para esa izquierda, el PAN debería incluso cambiar de nombre y hablar de feminismo, derechos, pobreza y dignidad, como escribió Denise Dresser en su columna de Reforma. No sorprende que sean esos los temas que la maestra Dresser quisiera ver en la arena electoral, lo curioso es que espere que los abandere el PAN, el partido históricamente identificado con la derecha.
Parte de esa confusión viene de la indefinición panista iniciada con Vicente Fox. Para formar una coalición lo bastante amplia como para derrotar al sistema PRI-Gobierno, Fox apeló al espíritu democrático de la izquierda intelectual mexicana. Así reunió a figuras como Jorge Castañeda, Adolfo Aguilar Zínser y Porfirio Muñoz Ledo, otrora fundador del PRD. Aquella alianza electoral terminó convertida en alianza de gobierno, en un gabinete que fue apodado “Montessori”, porque cada quien hacía lo que quería.
Con la llegada de Felipe Calderón, ese pacto con la izquierda se rompió en la política, aunque permaneció en el imaginario panista. Las siguientes candidatas presidenciales, Josefina Vázquez Mota y Xóchitl Gálvez, rechazaron asumirse de derecha y buscaron competir en el espacio de centro-izquierda que Fox había creado artificialmente. Ambas fracasaron.
DEL FRACASO AL GIRO CONSERVADOR
El punto culminante llegó con la alianza de 2024 entre PAN, PRI y PRD, una coalición que intentó poner el pragmatismo por delante y unir al anti-morenismo en una sola fuerza. El resultado fue un fracaso monumental.
Por eso nadie reprocha que el PAN haya decidido dejar atrás su coalición con el PRI. Es inútil intentar usar un ancla como flotador. Lo que se le critica es su desplazamiento hacia la derecha, al reciclar el lema del brasileño Jair Bolsonaro, “Dios, patria, familia y libertad”, pero eliminando a Dios y dejándolo en “patria, familia y libertad”.
Los panistas hacen, al fin, lo lógico, frente a un partido hegemónico de izquierda, se abre espacio para uno de derecha. Pero, así como Morena representa un socialismo del siglo XXI, el PAN entiende que debe ser una derecha contemporánea. No puede seguir siendo una derecha neoliberal de centro, donde ya no hay quien lo siga. Su espacio está en la nueva derecha alternativa, patriótica como la de Trump en Estados Unidos o Meloni en Italia, libertaria como la de Milei en Argentina, conservadora como Vox en España.
El juicio moral sobre esa derecha corresponde al lector. Lo indudable es que el PAN ha hecho un movimiento lógico desde la mercadotecnia política. La duda no es si debía abandonar su falso centro-izquierdismo, sino si sus actuales dirigentes tienen la capacidad intelectual para dar ese salto.
En cuanto a la maestra Dresser y otros centro-izquierdistas decepcionados porque el partido de derecha actúe como tal, solo les queda una opción, construir ese partido de izquierda democrática que enarbole sus banderas en la contienda electoral. Una tarea difícil, considerando el dominio de Morena en ese terreno y la falta de liderazgos opositores dispuestos a cambiar la tinta por la tierra.
José Luis Mastretta López es doctor en Políticas Públicas, con Maestría en Mercadotecnia y Licenciatura en Comunicación, con 25 años de experiencia en comunicación de gobierno.
