17 abril, 2026
Av. Lázaro Cárdenas, Oriente 4600, Las Torres, 64930 Monterrey, N.L.
Opinión

Crisis climática: Lo planeado, lo esperado y lo entendido.

Por Jesús Hernández Caballero


Durante la mitad del siglo pasado y en los primeros años de este que vivimos, al comenzar cada sexenio, el presidente en turno presentaba su Plan de Gobierno, el cual inició en la década de los años treinta con el ya legendario Plan Sexenal. Este instrumento dictaría las directrices del régimen durante sus seis años en materia económica, social y política.

Eran tiempos de disciplina partidista, sometimiento al Estado y, en algunos casos, un modelo generacional de gobiernos que iban de ideologías de derecha a izquierda de manera alternada cada sexenio.

México pretendía desarrollar su identidad sociopolítica con progreso económico y social, con algunas pinceladas de sostenibilidad, que hasta los años noventa fue revelada en la Cumbre de Río como un aspecto mandatorio que no hemos terminado de desarrollar en nuestras economías.

Pudiéramos pensar que los planes son para cumplirse; de lo contrario, solo son buenas intenciones. ¿Qué hemos aprendido de los planes pasados en los últimos treinta años? En los cinco proyectos de nación que hemos tenido en este periodo de tiempo, ¿los resultados son satisfactorios? Generacionalmente, hemos tenido resultados de cristal que un crudo contexto rompe y detiene nuestra evolución sociopolítica buscada, pero que, al mismo tiempo, motiva nuestra esperanza de un porvenir mejor, que no sabemos cuándo llegará, pero que seguimos esperando.

Muchos que forjaron esos planes ya no se encuentran entre nosotros, y el planeta sigue cambiando, sigue su curso independientemente de nuestra conciencia y compromiso. ¿Dónde estará nuestro problema con los planes estratégicos? ¿Al iniciarlos, a la mitad del camino o al final, en la entrega de resultados?

Se ha entregado a la sociedad el Plan México 2025-2030, enfatizando una industrialización y prosperidad compartida, conformando una misión pujante hacia el desarrollo equitativo, con ambiciosas metas soportadas por acciones que buscan determinar un rumbo estratégico, aunado a capacidades que necesitamos concretar. A estas alturas, el desarrollo sostenible no puede esperar más debates. Si se nos presenta un plan, hay que entenderlo, corregirlo si es necesario y, una vez aceptado, seguirlo rigurosamente, ya que la resiliencia climática no acepta buenas intenciones.

Jesús de los Reyes Hernández Caballero, perito federal.
jesusdelosreyes@hotmail.com