Hugo González
Estimados lectores, me gustaría escribir de otro tema, pero cuando parece que por fin se ve la luz al final del túnel, de nuevo pasa algo. Qué increíble que a principios de abril se suscitaran cierres de carreteras por parte de transportistas y productores del campo. No bastan los retrasos, la inseguridad que generan y las pérdidas monetarias, entre 500 y 900 millones de pesos diarios, ahora se suma un incremento del diésel. De la noche a la mañana subió casi 3 pesos por litro; imaginen lo que esto representa para un transportista: nada fácil mantener una operación.
Lo he mencionado antes: parece que quieren desaparecer este medio de transporte o, de plano, no se le da la importancia debida en la vida diaria de consumo. He sabido de empresas que prefieren parar o cerrar. Esto trae desempleo, más robo de combustible y otros factores.
Pero veamos el cómo sí. Una propuesta es tomar un precio base de combustible y, si se alza, aplicar un cobro adicional por litro para compensar. El detalle es que en México se acostumbra a que una parte gane: el comprador presiona por precio más bajo y siempre habrá quien lo dé, aunque se afecte la calidad. Esto deja de ser rentable y golpea al mercado.
Había un antes y un después en comercio, flujo de mercancías y aranceles. Ahora las reglas cambiaron y los proveedores del servicio deben exigir equilibrio. Un ejemplo: hace años un contenedor de 20 pies de Asia a México costaba tres mil dólares; de repente subió a ocho mil y se siguió importando. Sin embargo, al transporte de carga siempre se le exprimió el precio. No se vale que entre nosotros dañemos la economía mientras con extranjeros doblamos las manos.
Hugo González es vicepresidente de la Organización Mundial de Ciudades y Plataformas Logísticas. Cuenta con una maestría logística internacional por el ENAE Business School y un Doctor Honoris Causa por Instituto Mexicano de Lideres en Excelencia.
