Por: José Luis Mastretta
Con Donald Trump al frente, EU redefine su papel en el mundo y acelera el fin del orden global que promovió durante más de cuarenta años.
Hace unos días el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, criticó duramente la globalización, asegurando que fracasó al empujar a las empresas hacia la mano de obra barata, en vez de fomentar la innovación.
Se trata de un giro radical respecto a lo que los Estados Unidos promovieron durante las últimas cuatro décadas: la apertura democrática y la competencia económica global.
Para dimensionar el cambio que vivimos, repasemos la historia geopolítica desde los ojos de mi papá.
José Luis Mastretta Galván nació en 1948, en pleno “baby boom”. El mundo se reconstruía tras la Segunda Guerra, en un orden polarizado entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
Dos décadas después, en 1968, mi papá estudiaba física en la UNAM. Su vida estaba marcada por la Guerra Fría. La ciencia, la cultura y hasta la religión eran campos de batalla ideológicos. La carrera tecnológica nos llevaba al espacio, pero el sistema también mostraba sus fisuras: el llamado Tercer Mundo se quedaba fuera del progreso, los movimientos por los derechos civiles cuestionaban la supuesta libertad occidental, y proliferaban dictaduras aliadas a ambos bloques, haciendo de la democracia la gran perdedora de aquella era.
Tuvieron que pasar otros veinte años para que mi papá viera cambiar el mundo. En 1988, Salinas iniciaba la apertura económica en México; Lech Walesa salía de prisión, desencadenando la caída del bloque soviético; y George Bush padre encabezaba la promoción del TLCAN. Japón y la Unión Europea sustituían a la URSS como contrapesos de Estados Unidos.
A los intelectuales, sobre todo a los de izquierda, les costó adaptarse a este nuevo orden dominado por el comercio global y las olas democratizadoras. Es la era de las decisiones: el valor del individuo se mide por lo que elige, como votante y como consumidor.
Veinte años después, en 2008, mi papá tenía 60 años. El nuevo orden de la globalización estaba en su apogeo: China entraba al comercio mundial, millones salían de la pobreza, y el mundo musulmán vivía su primavera árabe. Pero también surgían grietas: la crisis financiera y el calentamiento global levantaban preguntas sobre el modelo de capitalismo, la migración y el narcotráfico pusieron en jaque la apertura de fronteras, el conflicto civilizatorio con el islamismo radical entraba en su peor momento con el surgimiento de ISIS, y la política norteamericana se radicalizaba entre el Tea Party y el Occupy Wall Street.
Donald Trump no hizo sino acelerar la ruptura. En su primer mandato impuso aranceles, demolió tratados, abandonó Medio Oriente, se hizo amigo de dictadores y levantó un muro con México. En su regreso, redobla la apuesta: se divorcia de Europa, ataca el TMEC, abandona la ONU. Estados Unidos, el creador del nuevo orden de la globalización, ahora lo está desmontando. Se gesta un nuevo “nuevo orden”.
Si Dios quiere, mi papá cumplirá 80 años en 2028. Y yo le hago a usted esta pregunta: ¿qué clase de mundo le tocará ver surgir?
José Luis Mastretta es Doctor en Políticas Públicas por el Tecnológico de Monterrey y fundador de la agencia de comunicación y análisis Rating Político.
