La economía digital descansa en una variable frágil: la tranquilidad del usuario. Hoy, 70% percibe más difícil proteger su vida digital que su casa; 80% ha recibido intentos de estafa; 59% sentiría vergüenza si cae. El triángulo preocupación, ansiedad y vergüenza erosiona la confianza, inhibe reportes y amplifica pérdidas.
La IA no solo abarata el fraude, sino que multiplica la sensación de indefensión. Con herramientas disponibles actualmente se puede clonar la voz de cualquier persona con una muestra de menos de cinco minutos. También pueden generarse videos que sincronizan las palabras con los labios de manera perfecta. A ello se suma la generación de textos gramaticalmente correctos. Agregue la capacidad de automatizar y escalar ataques personalizados para entender por qué nos sentimos tan vulnerables.
Desde la recién instalada Comisión de Ciberseguridad en el Senado de la República se impulsarán “campañas de concientización ciudadana”. Son necesarias, pero insuficientes. Es un buen comienzo, aunque debemos aspirar a más.
¿Conoce usted a un fumador? Actualmente los fumadores están plenamente conscientes del daño del tabaquismo para su salud, pero siguen fumando.
En cambio, lo que debemos procurar es la cultura de ciberseguridad, que engloba conocimientos, actitudes y comportamientos que conducen a la toma de decisiones seguras y responsables en las actividades diarias, con base en la acertada gestión de riesgos. Por más que se invierta en tecnología, sin cultura no hay ciberseguridad.
