5 junio, 2026
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Opinión

Caty Pérez Bulnes: ¿Cuánto cuesta enfermarse?

Aunque mi familia y yo tenemos la costumbre de vacunarnos, recientemente contraje influenza. Los escalofríos y el malestar general me llevaron al hospital en pleno medio tiempo del Super Bowl.

El costo promedio por consulta, pruebas y medicamentos puede alcanzar los 4,800 pesos, lo que para muchas personas equivale prácticamente a un sueldo quincenal. Una enfermedad detiene, obliga a cancelar y posponer planes; significa que una madre no pueda hacerse cargo temporalmente de sus hijos y que, además de los gastos médicos, existan costos indirectos: pérdida de ingresos por faltar al trabajo si no se otorga incapacidad, o disminución de la productividad al no poder avanzar.

La enfermedad obliga a que otros cuiden, decidan y se hagan cargo en tu ausencia. Cuando una población tiene acceso a servicios públicos de salud, aumenta la productividad laboral, se reducen incapacidades y enfermedades crónicas, y disminuyen los costos por ausentismo y rotación. No invertir en salud resulta caro: las enfermedades no atendidas generan pérdidas económicas mayores a largo plazo.

El gasto público en salud también protege a los hogares de gastos catastróficos, evita que una enfermedad deje a una familia sin comer y permite que sistemas sólidos contengan crisis sanitarias y protejan la fuerza laboral en momentos críticos.

México destina alrededor de 5.9% del PIB a salud, mientras que el promedio de la OCDE es cercano al 9.3%. Como consecuencia, el gasto de bolsillo de los hogares mexicanos es muy alto: alrededor del 41% del gasto total en salud proviene directamente de las familias, frente al 18% en promedio en la OCDE.

Esto implica mayores costos para las empresas, que terminan pagando lo que el Estado no cubre: seguros médicos privados, convenios con hospitales o apoyos directos para atención médica, si quieren evitar ausentismo y retener talento. El resultado es un encarecimiento del costo laboral, especialmente para empresas medianas y grandes.

Un mayor gasto público en salud no es sólo política social: es infraestructura económica que mejora la productividad, reduce costos empresariales y fortalece la competitividad del país. Invertir en salud genera un círculo virtuoso: una población sana produce más bienes y servicios, genera ingresos para empresas y trabajadores y amplía la base económica nacional.

Catalina Pérez Bulnes es doctora en Desarrollo Económico por la UPAEP. Premio Mujer Tec en Conciliación