Por Mayela González
La mayoría de las viviendas actuales no están diseñadas para el envejecimiento, lo que representa una crisis emergente en México y otros países.
¿Qué pasa con las viviendas? Se construyen pensando en adultos jóvenes, no en personas con limitaciones físicas. No cuentan con accesibilidad desde el inicio (ejemplo: escaleras muy inclinadas, escalones cortos, puertas angostas, baños pequeños donde un andador ni siquiera podría entrar).
Sólo el 20% de las viviendas están preparadas; las más antiguas parecen mejor adaptadas. Más de 1 de cada 3 edificios no es fácilmente accesible. En México, 1 de cada 4 personas mayores vive en rezago habitacional: sin servicios básicos, con materiales precarios y sin accesibilidad adecuada.
Las principales fallas de las viviendas actuales son:
- Barreras arquitectónicas: escaleras sin barandales ni elevador, pisos resbalosos, baños sin adaptaciones, puertas estrechas. Las caídas provocan 30% de muertes en mayores.
- Funcionalidad: iluminación deficiente, escasa ventilación, interruptores inaccesibles.
- Ubicación: viviendas alejadas de hospitales, traslados superiores a una hora.
- Económicas: créditos inaccesibles, pensiones insuficientes para adaptar vivienda, dificultad para mudarse.
- Sociales: envejecimiento en soledad, pérdida de límites por nuevas construcciones que generan encierro.
¿Por qué es un problema crítico? Porque el crecimiento poblacional está invertido: pronto habrá más personas mayores que jóvenes. Esto implica más enfermedades crónicas, viviendas no adaptadas y, en consecuencia, mayor dependencia, más caídas, más hospitalizaciones y peor calidad de vida.
¿Cómo debería ser una vivienda adecuada? Según el INAPAM: sin escalones o con rampas, baños amplios y seguros, pasillos anchos, buena iluminación, cercanía a servicios de salud y capacidad de adaptarse con el tiempo.
El problema no es la edad, sino el entorno en el que se envejece.
