La reforma al artículo 123 busca pasar de 48 a 40 horas semanales. El reto: equilibrar salud, productividad y derechos laborales.
Por Erick Vega
Después de trabajar ocho horas, regresas a casa entre el tráfico, cansado, estresado, con hambre, sueño y mal humor. Y así se repite de lunes a sábado: 48 horas a la semana.
Los tiempos de trabajo y la falta de días de descanso tienen consecuencias directas en las y los trabajadores. Generan estrés, afectan la cohesión familiar y las relaciones sociales. A largo plazo, pueden provocar enfermedades cardiovasculares, trastornos gastrointestinales y deterioro de la salud mental, con mayores tasas de ansiedad, depresión y trastornos del sueño. También fomentan hábitos nocivos como el tabaquismo, el abuso del alcohol, la dieta irregular y la falta de ejercicio.
Estos son los principales argumentos que expuso la diputada Susana Prieto Terrazas, de Morena, al presentar una iniciativa de reforma constitucional en materia de días de descanso laboral. En el dictamen de la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados quedó asentado que, según datos de la OCDE publicados en 2020, los mexicanos trabajan dos mil 124 horas al año. En contraste, en Alemania se laboran mil 332 horas; en Inglaterra, mil 367; en Canadá, mil 644; y en Estados Unidos, mil 767. Estos países tienen jornadas de 40 horas semanales, con un máximo de 48 incluyendo tiempo extra.
PRESERVAR LA SALUD
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha reiterado la necesidad de regular las jornadas laborales para preservar la salud física y mental de los trabajadores. Propone una ordenación del tiempo de trabajo basada en cinco dimensiones: promover la salud y la seguridad; aumentar la productividad; mejorar el equilibrio entre vida laboral y personal; fomentar la igualdad de género; y facilitar la elección del trabajador sobre sus horarios.
Por ello, se ha propuesto reformar el artículo 123 constitucional para establecer: “IV. Por cada cinco días de trabajo deberá disfrutar el operario de dos días de descanso, cuando menos”. De aprobarse, la jornada laboral se reduciría de 48 a 40 horas semanales.
Sin duda, la iniciativa es progresiva, fortalece los derechos laborales y puede mejorar la calidad de vida de las familias. Sin embargo, será necesario escuchar con atención al sector empresarial, que podría tener una postura distinta en términos de productividad, competitividad, repercusiones fiscales, económicas y sociales.
La Cámara de Diputados ha abierto el debate mediante la creación de un Grupo de Trabajo que organizará foros de parlamento abierto para fortalecer el análisis del dictamen. Es un ejercicio valioso, sensible a las distintas voces de México. Que se escuche a todos los sectores involucrados en esta reforma y en los beneficios y consecuencias que podría traer su aprobación.
Érick Vega es maestro en Derecho Procesal Penal, desde el 2021 es Juez de Distrito Especializado en Materia de Trabajo en Nuevo León.
