Por Nohemí López
Cada año, el planeta enfrenta una creciente amenaza silenciosa y persistente: la contaminación por plásticos. Se estima que se producen más de 400 millones de toneladas de este material a nivel global, y la mitad está diseñada para ser utilizada una sola vez, de acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas.
A pesar de su omnipresencia en la vida moderna, menos del 10% del plástico se recicla, mientras que cerca de 11 millones de toneladas terminan en cuerpos de agua como lagos, ríos y océanos. Esta cifra equivale al peso combinado de más de mil Torres Eiffel.
Los microplásticos, diminutas partículas de menos de cinco milímetros, invaden los alimentos, el agua y el aire, infiltrándose silenciosamente en los ecosistemas y en el organismo humano: se calcula que una persona ingiere al menos 50,000 partículas plásticas al año, sin contar las que son inhaladas.
Por ello, la ONU, a través del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), enfocó el Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra cada junio, al tema de los plásticos.
Este año, el llamado fue claro: transformar nuestra relación con el plástico. El PNUMA instó a gobiernos, empresas y ciudadanía a rechazarlo, reducirlo, reutilizarlo, reciclarlo y, sobre todo, a repensarlo.
La organización destacó que esta crisis no es insuperable si se aplican las soluciones ya existentes y se aprovechan los avances científicos.
Sin acción urgente, se prevé que la contaminación plástica en los ecosistemas acuáticos podría triplicarse para 2040, mientras que la exposición a aire contaminado aumentaría en un 50% en esta misma década. Además, el costo social y ambiental anual de este problema oscila entre 300 mil y 600 mil millones de dólares.
La celebración de 2025 ocurre en un momento crucial en que la comunidad internacional trabaja por establecer un tratado global y vinculante para erradicar la contaminación por plásticos, incluido su impacto en los mares.
Aunque el plástico tiene aplicaciones útiles, los niveles actuales de producción y consumo representan una amenaza directa para la salud, la biodiversidad y la estabilidad de los ecosistemas.
La emergencia ambiental no permite demoras. El planeta necesita decisiones firmes y acciones sostenidas para lograr una vida más limpia, equitativa y en armonía con la naturaleza.
