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Opinión

Jesús Hernández: El veredicto de un impacto

Por Jesús Hernández

La jornada diaria pareciera jugarnos una mala pasada: creemos avanzar en nuestro quehacer cotidiano, pero una voz en el camino nos obliga a detenernos y repensar nuestras acciones. Esa voz es la conciencia. Muchos la ignoran por complicidad con una cultura de facto, otros tantos trazan un nuevo norte para enderezar el rumbo, pero hay quienes hacen lo impensable: critican a la conciencia y se construyen una realidad alterna, donde se acepta lo común sin cuestionar si es lo normal, y se pasa por alto si es lo correcto. Como sociedad moderna, corremos el riesgo de volvernos insensibles ante lo evidentemente malo, olvidando el bien común, y no se trata de una visión maniquea, sino de fundamentar nuestras acciones en decisiones informadas, no en prejuicios ni desinformación.

Pero en materia ambiental, ¿qué es lo que genera esta incertidumbre? ¿Quién desconfió primero? ¿Quién puede señalar y juzgar? ¿La contaminación llegó sola? ¿El agua se enturbió por sí misma? ¿El aire se enrareció de la noche a la mañana? ¿Los suelos acumularon residuos de un día para otro? En toda acción determinada hay tres actores: quienes la realizan, quienes la aceptan y quienes atestiguan los hechos. Quienes cometen actos reprobables en materia ambiental lo hacen con la información que tienen, en el mejor de los casos; quienes los aceptan no levantan la mano, no cuestionan ni proponen alternativas; y quienes atestiguan se convierten en cómplices, ya sea en favor o en detrimento del medio ambiente. ¿Por qué la duda ante la apertura? Si todos los involucrados han sido parte del problema, por qué no ser también parte de la solución, y no solo del juicio.

En todo proceso de gestión que involucra la toma de decisiones, existe la rendición de cuentas, no debemos olvidarlo. La autoridad cumple con funciones de vigilancia, regulación y procuración de soluciones; las empresas y particulares, con el monitoreo, control y mejora de sus procesos y servicios; y la sociedad en general debe asumir la observancia y el compromiso social, desde lo individual hasta lo colectivo, buscando un comportamiento ideal para alcanzar un resultado ideal. Solo así tendremos un veredicto indubitable del impacto que hemos generado, sea ambientalmente adverso o no, como parte indispensable de la acción climática global.

Jesús de los Reyes Hernández Caballero, perito federal. jesusdelosreyes@hotmail.com

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