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El Delfín: Contraflujos

Los carriles de contraflujo se han convertido en protagonistas de la conversación urbana. Desde Morones Prieto hasta Gonzalitos, pasando por Leones y Churubusco, esta estrategia vial busca aliviar el tráfico en horas pico.

Pero ¿estamos ante una solución estructural o simplemente ante una aspirina para un problema crónico?

La administración municipal, encabezada por Adrián de la Garza, ha impulsado nuevos contraflujos en avenidas clave como Gonzalitos y Churubusco. El objetivo es claro: reducir los tiempos de traslado y evitar el colapso vial.

En avenidas como Rogelio Cantú y el túnel de la Loma Larga, se realizan estudios técnicos para evaluar su viabilidad. Aunque algunos carriles reversibles han mostrado mejoras en tiempos de recorrido, como en Carretera Nacional y Universidad, expertos advierten que estos beneficios son paliativos.

Estudios locales han reportado reducciones en los tiempos de traslado en diversas ciudades donde se han implementado carriles de contraflujo. En Monterrey, por ejemplo, las avenidas Gonzalitos y Churubusco han mostrado una disminución promedio del 10 al 15 por ciento en los tiempos de recorrido. En la Ciudad de México, vialidades como Viaducto y Periférico registran reducciones del 8 al 12 por ciento. Por su parte, en Guadalajara, la avenida López Mateos ha presentado mejoras que oscilan entre el 5 y el 10 por ciento.

Organismos como Movimiento de Activación Ciudadana y Movimiento Vial Ciudadano señalan que los contraflujos no atacan el problema de fondo: el crecimiento desmedido del parque vehicular y la falta de transporte público eficiente.

En los contraflujos siempre habrá riesgos eminentes. La circulación en sentido contrario puede generar confusión y accidentes si no se acompaña de señalización adecuada y presencia de agentes de tránsito.

También, hay que decirlo abiertamente, esta medida favorece al automóvil privado, dejando de lado al peatón y al transporte colectivo. Y existe el riesgo de que se usen como justificación para obras que perpetúan el modelo centrado en el auto.

La movilidad urbana requiere más que carriles reversibles. Se necesita una visión integral que incluya transporte público digno, infraestructura peatonal y ciclista, y una planeación urbana que priorice la calidad de vida.

Los contraflujos pueden ser parte de la solución, pero no deben convertirse en el centro de la estrategia.

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