Por Nohemí López
En Nuevo León, el tejido empresarial presenta una paradoja: mientras el número de negocios informales supera por primera vez al de los formales, el grueso de la economía continúa concentrado en unas cuantas grandes empresas. Así lo revelan los resultados definitivos de los Censos Económicos 2024, publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Entre 2018 y 2023, la proporción de unidades económicas informales en el estado creció de 47.9 a 52.1%, superando a las formales. Este cambio marca un punto de inflexión en la estructura empresarial de la entidad, donde cada vez más negocios operan fuera del marco regulatorio.
Aunque el número de personas ocupadas en unidades formales sigue siendo mayor (91.4%), también se observa una ligera caída respecto al censo anterior (93.1%). En contraste, el valor agregado censal bruto, indicador que mide la riqueza generada por las empresas, permanece abrumadoramente formal: 98.1% proviene de unidades registradas oficialmente.
GRANDES EMPRESAS, GRANDES CIFRAS
El contraste se acentúa al observar el peso de las grandes empresas. Aunque representan apenas 0.6% del total de unidades económicas, concentran 42.7% del empleo y 55.7% del valor agregado censal bruto. En cambio, las microempresas, que constituyen el 89.3% del total, apenas aportan 11.1% del valor económico y emplean a 21.7% del personal.
Este desequilibrio revela una economía dual: una base amplia de negocios pequeños, muchos de ellos informales, y un núcleo reducido de grandes corporativos que sostienen la productividad estatal.
Las manufacturas lideran la generación de valor, con una participación de 47.2% en 2023, seguidas por el comercio (21.4%). Actividades como la fabricación de camiones y tractocamiones, autopartes y productos de hierro y acero registraron los mayores incrementos en valor agregado, con crecimientos superiores a los 10 mil millones de pesos.
