Letras de Poder Opinión Caty Pérez: Del egoísmo a la caridad
Opinión

Caty Pérez: Del egoísmo a la caridad

En tiempos que exaltan el yo, necesitamos rescatar solidaridad, empatía y cooperación para fortalecer comunidad, bienestar compartido y convivencia justa.

Por Caty Pérez Bulnes

El término egoísmo se refiere al excesivo amor a sí mismo que lleva a atender solo el propio interés, sin considerar el de los demás. Lo opuesto es la generosidad, el altruismo y la solidaridad.

Vivimos en una época que exalta el “yo” por encima del “nosotros”. El éxito individual, la autosuficiencia y la competencia constante suelen presentarse como virtudes incuestionables. Sin embargo, en ese camino, el egoísmo se ha convertido en un obstáculo que debilita las relaciones interpersonales y empobrece la vida en comunidad.

El egoísmo, aunque a veces se disfrace de autoprotección o ambición legítima, termina aislándonos. Cuando las relaciones se construyen solo desde el interés personal, se vuelven frágiles y transaccionales: duran mientras resultan útiles. En cambio, las relaciones sólidas, familiares, amistosas o sociales, se sostienen en la empatía, la generosidad y la capacidad de mirar más allá de las propias necesidades.

Renunciar al egoísmo no implica anularse, sino comprender que el bienestar propio está ligado al bienestar de los demás. Aquí las virtudes humanas juegan un papel fundamental. El bienestar personal no se construye de manera aislada, sino en relación directa con el entorno que habitamos. El cuidado de lo cercano, la cuadra, la comunidad, es el primer eslabón de una cadena que se extiende hacia la ciudad y el país entero. Cada gesto de respeto, solidaridad y compromiso fortalece el tejido social. No se trata de grandes acciones heroicas, sino de virtudes practicadas a diario: convivir con empatía, resolver conflictos con diálogo y pensar en el bien común. Así, el bienestar deja de ser una aspiración individual y se convierte en una construcción compartida.

Fomentar relaciones interpersonales duraderas exige tiempo, escucha y compromiso. Significa estar dispuesto a ceder, comprender puntos de vista distintos y acompañar incluso cuando no hay beneficio inmediato. Entregarse a los demás es un acto de valentía en una sociedad que premia la indiferencia y la prisa. Es reconocer que el otro no es un medio, sino un fin en sí mismo, con dignidad, emociones y necesidades tan legítimas como las propias.

Reconocer la interdependencia humana es clave para una convivencia más justa. Nadie se construye solo: dependemos de los demás para aprender, crecer y desarrollarnos plenamente. Aceptar esta interdependencia no resta autonomía, sino que recuerda que nuestras acciones impactan en quienes nos rodean. Cuando asumimos esta realidad, comprendemos que cooperar es más eficaz y humano que competir sin límites.

La entrega desinteresada genera comunidades más fuertes y humanas. Cuando las personas actúan desde la solidaridad y el apoyo mutuo, se crean entornos de confianza donde es posible crecer juntos. En estos espacios, la cooperación reemplaza a la rivalidad y el diálogo desplaza a la confrontación. No es idealismo, sino una realidad: las sociedades más cohesionadas son aquellas donde el sentido de responsabilidad hacia el otro es un valor compartido.

El 2026 es un buen año para proponernos escuchar más, dejar atrás la prepotencia, poner nuestros talentos al servicio del prójimo y practicar la generosidad y el altruismo: realizar actos de bondad y ayudar a otros sin esperar recompensa, disfrutando de dar y entregarse, no solo de recibir.

Dalia Catalina Pérez Bulnes es doctora en Desarrollo Económico por la UPAEP y fundadora de MUMAFAM. @catypbulnes

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